6 de noviembre de 2019

Sin likes y ¿sin ansiedad?

¿Te imaginas entrar en Instagram y no ver la cifra de likes en las publicaciones? Este escenario no es tan descabellado como puede parecer de entrada y, de hecho, la red social con más éxito y más crecimiento del mundo (registra más de mil millones de usuarios mensuales) ya está haciendo tests, escondiendo los likes, a usuarios de Australia, Brasil, Canadá, Irlanda, Japón y Nueva Zelanda. La versión oficial es que Instagram lleva a cabo el experimento motivado para ver cuál es el comportamiento de los usuarios más jóvenes si les esconden los me gusta, ya que, según argumentan, quieren reducir la sensación de competencia entre unos jóvenes demasiado pendientes de la red y con un autoestima que cuelga del hilo de los likes conseguidos.

De hecho, es cierto que Instagram ostenta el dudoso título de ser la red que genera más sensaciones negativas entre los usuarios. Hay estudios médicos que señalan que los niveles de ansiedad, bullying, depresión e insatisfacción que provoca la red preferida por los adolescentes es mucho más alta que las que pueden provocar Facebook, Twitter o Snapchat.

Detrás de esta iniciativa aparentemente bienintencionada, sin embargo, hay voces que apuntan a una estrategia comercial de Instagram que busca evitar, como sea, que el globo se desinfle. ¿Qué significa esto? Pues que Instagram, escondiendo los likes, anima a sus usuarios a publicar más y más contenido, sin que nos preocupemos por las métricas. De hecho, desde que aparecieron, las stories (donde los likes y las interacciones sólo son privadas) dominan ampliamente el mercado de las publicaciones efímeras (registran 500 millones de usuarios cada día). Hoy, los comentarios en las historias de 24 horas se están convirtiendo en la forma más importante de participar, lo que lleva a pensar que los likes públicos que tanto preocupan a los adolescentes, ya hace tiempo que empezaron a perder terreno.

Ante este posible escenario para acabar con los likes, podemos prever varias consecuencias. La primera es que con un Instagram que no hiciera de escaparate de likes, las agencias publicitarias y por extensión las empresas podrían dejar de invertir para enfocarse en otras redes sociales que faciliten datos que les permitan evaluar la confianza de los usuarios ante las marcas. El segundo efecto es que el fenómeno influencer se podría desinflar o, como mínimo, debería reinventarse: ganarían peso los microinfluencers (véase artículo donde ya anticipábamos esta tendencia) ante las los macroinfluencers, ya que se buscará, cada vez más, contenido de calidad, original y cercano. La tercera consecuencia, vinculada a la segunda, es que el contenido de calidad tomará mucha más relevancia y será mucho más valorado, ya que eliminando el «efecto rebaño» que provocan las montañas de likes, el usuario valorará por sí mismo y sin ningún condicionante previo lo que quiere ver, consultar o comprar.

Por tanto, las primeras medidas están cantadas: debemos diversificar no utilizando únicamente Instagram como altavoz; dar una importancia capital a las stories; y apostar por el contenido original y de gran calidad. ¿Estás preparado?

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